探検の記録 17 – 五分五分 / Registro de exploración 17 – (50-50)

Creo que el número de octubre de Registro de exploración (50-50) necesita una breve explicación, porque se han dado una serie de coincidencias entorno al número y he aprovechado la ocasión para elegir una temática relacionada.

五分五分 significa algo así como mitad y mitad en japonés. Una especie de estar a medias. En octubre de 2019 cumplo 34 años, que es el doble de 17, o más bien 17 es la mitad de 34. Por otro lado, hace 2 años, en 2017, estuve en Japón por primera vez y este año he vuelto, de una forma distinta y con otras inquietudes. También hace dos años, en octubre de 2017, comencé la producción de mi primer fotolibro, algo que tuvo un impacto bastante fuerte en mi interés por las publicaciones y en que acabara haciendo fanzines. A medio camino entre ese octubre y este publiqué 乱れ (tumulto) porque estaba pasando un tiempo regular.

Ahora mismo tengo dos futuros que no son excluyentes, seguir y quedarme.

Sobre el resto de detalles del fanzine: solo he producido 17 para el público, aparte de los experimentos que he realizado por el mismo placer de hacerlos. Los fanzines han sido impresos en papel de 50 gramos, sobrantes de la producción del fotolibro, con la misma impresora, y los he empapelado con papeles impresos durante el desarrollo de la maqueta en Getxophoto en el taller de Yumi Goto y Juanan Requena, estaban doblados para hacer la encuadernación japonesa. Los he grapado en casa con la grapadora de Ramón, que también tuvo algo que ver en que empezara a hacer fanzines. Para pegar el empapelado he usado cinta washi comprada en Japón durante el viaje, y las fotografías del fanzine fueron tomadas en los mismos lugares que otras que ya tenía de 2017.

Muchas de estas cosas son una serie de coincidencias muy hermosas. Espero que disfrutéis del fanzine.

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探検の記録 – Registro de Exploración ahora en suscripción

Como ya venía sugiriendo desde hace un tiempo, he estado barajando ofrecer una suscripción para los fanzines que me permita mayor facilidad para producirlos y tener un control mejor sobre la distribución. Es por esto que he decidido lanzar dos iniciativas:

  • Abrir una página en Patreon para que podáis suscribiros y recibir los fanzines según se vayan publicando.
  • Ofrecer una serie de packs en oferta por el lanzamiento del Patreon.

Entrando en detalle, en el Patreon he creado tres tipos de suscripción. Una suscripción de 1$ que dará acceso a los fanzines en su versión digital y a una entrada especial que crearé cada mes contando cómo se hizo cada fanzine y algunos detalles sobre la idea. Una suscripción de 5$ por la que recibiréis el fanzine físico si estáis dentro de Europa. Y por último una suscripción de 10$ para pedidos de fuera de Europa.
La suscripción de Patreon empezará con el número 16, que estoy terminando de producir.

Los packs que voy a ofrecer son los siguientes:

  • Pack de 12 fanzines por 45€. Puedes elegir los 12 fanzines que quieras, es decir, pueden estar publicados ya o no (si te quedaste por el número 8 y quieres tenerlos todos hasta el 20, es una gran opción).
  • Pack de 6 fanzines por 25€. Igual que el anterior, puedes elegir suscribirte a los 6 próximos o mezclar con los ya publicados.

Para estos packs solo tenéis que contactar conmigo y decirme los números que queréis y dónde queréis recibirlos.

Nudge-Nudge

Últimamente me gustan mucho los chistes absurdos. Hay un sketch de Monty Python titulado “Eric’s sketch” sobre insinuaciones entre dos hombres sobre la mujer de uno de ellos.

Durante el curso que impartí sobre secuencias fotográficas hice esta selección que comparto a continuación partiendo de imágenes sacadas de las galerías de Flickr Commons buscando imágenes libres de derechos de publicación y uso:

Preguntas para comenzar un proyecto (personal)

Esta entrada puede ser útil a la hora de iniciar un proyecto, pero también para evaluar el progreso del mismo en diferentes etapas de desarrollo. Puedes descargar una copia y utilizarla según te sea necesario. Estas preguntas las he sacado de los apuntes de Rubén H. Bermúdez (https://www.rubenhbermudez.com/apuntes), de un vídeo de una conferencia de Gustavo Alemán titulado “Las tres preguntas” (puede verse en https://tv.um.es) y de mi propia experiencia. Su finalidad es aclarar las ideas al comenzar un proyecto.

“Participants shall prepare a personal story. This story can be your own personal story, but it might also be a story of someone else, visualized by you or a fictional story (character).” Extraído de las bases de RPS workshop.

Explícale a tu abuela el proyecto en 5 líneas:

¿Qué tipo de autor quiero ser?

¿Desde dónde hablo? ¿Cuál es mi posición?

¿Cuál es mi contexto?

¿A quién me dirijo? ¿Qué estoy intentando? ¿Para quién lo hago?

¿Qué puedo hacer yo que una superproducción no puede?

¿Cuáles son mis virtudes? ¿Cómo puedo potenciarlas?

¿Cuáles son mis defectos? ¿Cómo puedo esconderlos?

¿Cómo se relaciona lo que soy y lo que hago con lo que quiero ser y hacer?

¿Cuáles son mis criterios?

¿Qué nos gusta? ¿Qué no nos gusta?

¿Qué quiero que sienta el espectador? ¿En qué momento le voy a golpear?

Haz un mapa de ideas

Establece limitaciones y síguelas hasta el final

Las tres preguntas: ¿Qué quería hacer el artista? ¿Lo hizo? ¿Merecía la pena hacerlo?

¿Cómo quiero transmitir mi mensaje? ¿Qué materiales voy a usar para hacerlo?

¿Qué relación hay entre el formato y el concepto del proyecto?

¿Lo estoy pasando bien haciendo esto? ¿Es positivo el balance esfuerzo-recompensa? (esta pregunta hay que hacerla de manera recurrente durante el proceso de realización del proyecto personal)

En el vídeo de Gustavo Alemán, cita a Jorge Wagensberg que decía que “Una obra de arte es un pedazo finito de realidad que distorsiona una experiencia del mundo para encender, en la propia mente o en la ajena, una ampliación de tal experiencia.”

Agradecimientos a Rubén y Gustavo por los conocimientos compartidos.

Sobre la narrativa, el documental y el juego del montaje

Hay una cosa que me ronda la cabeza a menudo sobre el documental. A veces, y más últimamente, se aboga porque el punto de vista sea parte de la narrativa del documental. Otras veces preferimos una supuesta objetividad, por las razones que sea, y creo que tiene que ver con mostrar el punto de vista de lo que queremos contar y no desde el que lo percibimos como creadores. Hay como una línea de veracidad o verosimilitud que estamos rompiendo si la cruzamos y somos menos objetivos de lo que decimos que vamos a ser o más subjetivos de lo que creemos que necesita el tema.

Hace poco se estrenó una nueva temporada de la serie documental de cocina Chef’s Table, que aunque trata de un tema bastante inocuo para exigir veracidad o verosimilitud, ha hecho que vuelva a pensar en esto y que me sienta molesto con algunas cosas. En la serie utilizan mucho la voz en off del protagonista del capítulo mientras la imagen muestra escenas de la preparación de los platos o de cómo van a por los ingredientes, el cocinero paseando por su restaurante, entre otro tipo de recursos visuales. También abusan un poco de la cámara lenta y de los planos emotivos. El caso es que, no me explico por qué, la voz en off consiste en fragmentos de entrevistas que a veces utilizan con su imagen, pero que van troceando para intentar introducir un elemento de reposo, de pausa o de reflexión interna al discurso del cocinero que muchas veces no tiene. Se me ha hecho muy evidente en los dos últimos capítulos que he visto, de Bo Songvisava y Albert Adrià. En el caso de Bo se nota porque cuando habla en la entrevista con imagen lleva un ritmo más rápido y no corta las frases tanto. El capítulo de Albert Adrià, que habla mucho más rápido y se entrecorta, es mucho más sangrante porque dejan el principio de la palabra siguiente al hacer el corte del audio (que es lo que suele pasar cuando el entrevistado no tiene costumbre y no deja mucho espacio entre palabras, es muy complicado hacer un corte que no sea brusco).

Y lo que yo me pregunto es ¿por qué? ¿Tan necesario es emocionar al espectador con la forma (aquí el montaje lento y reflexivo)? ¿Por qué el intento de componer todos los capítulos de la misma forma si cada uno de ellos trata un cocinero y un estilo completamente distintos? Creo que imponer un tempo falso a un tema documental crea una barrera con el espectador que no debería estar ahí. Por supuesto que podemos tratar de buscar un punto de vista más pausado, pero si una persona habla rápido o lento o se entrecorta, estaría bien aprovecharlo y buscar la manera de ser fiel a esa manera de ser con su representación.

La (mi) lista de libros de fotografía 2018

No sé si tiene sentido hacer una lista, pero bueno, me sumo al carro y voy a hablar de algunos de los libros que me han gustado este año y por qué. No hay ganadores ni perdedores, de algunos me gustan más las fotos, de otros el papel, y otros están ahí por algo “superior” que engloba muchas cosas que no sé cómo definir. 

“Y tu, ¿por qué eres negro?” de Rubén H. Bermúdez. Porque es imprescindible para dejar de mirarse el ombligo.

“Masahisa Fukase” de Masahisa Fukase. Aparte de concentrar casi todas las series fotográficas de Fukase en un solo envoltorio, el papel es una delicia, mucho más amable que la reedición de “Solitude of Ravens” que no me apetece tanto releer por el brillo y el tacto tan áspero (no físicamente, sino que no es cómodo de tocar). Tenía ganas de volver a ver las fotos de su padre, que en la exposición de Arles de 2017 me dejaron con un nudo en el estómago (fui tres o cuatro veces a ver esa exposición).

CIENOJETES de Paco Gómez (y dos más). No sé, está bien.

“Dulce y Salada” de Jorge Panchoaga. Conocí este proyecto a través de Gonzalo Golpe, que había participado en la edición. En el crowdfunding explicaban que el fotolibro trataba sobre una zona de Colombia llamada Nueva Venecia donde la polución del agua está llevándose por delante la forma de vida de los habitantes. Una de las formas de aportar consistía en que entregaban un ejemplar del libro a uno de los habitantes de la zona, para que el trabajo no quedara solo en el exterior, como suele pasar con las fotografías que se hacen en lugares de conflicto. El fotolibro tiene una atmósfera muy bien cuidada.

“La ilusión documental” de Takuma Nakahira. Nakahira escribió mucho durante sus años de actividad fotográfica. Casi todos los textos aparecieron en revistas y libros publicados en Japón y muy pocos fueron traducidos al inglés o al castellano. En “la ilusión documental” se combinan la mayoría de los ensayos escritos por Nakahira, textos en los que habla de su práctica desde un punto de vista honesto y a veces enigmático. Es muy recomendable para quien quiera descansar de tanta imagen y quiera leerlas. 

“The Suicide Boom” de Kenji Chiga. Se puede abordar un tema desde muchos puntos de vista, y en “The suicide boom”, Chiga aborda el fenómeno de los suicidios en Japón con un análisis en profundidad. Utilizando el papel y la impresión sobre distintos soportes, va generando diferentes lecturas sobre este tema tan difícil y velado en la sociedad, sobre todo en la japonesa, donde se da mucho más de lo que debería. Textos ocultos tras pliegues, o los papeles brillantes que contienen infografía y en cuyo reverso rugoso se presentan fotografías realizadas por el autor. En total 444 páginas de genialidad. Si añadimos que el libro ha sido hecho a mano por el propio autor, todo adquiere un nuevo sentido. 

“Revuelta” de Guadalupe Arriesgue. Un libro pequeño, a medias entre fotolibro y fanzine, muy poético, experimental. Como una ola del mar que te revuelca y te arrastra, los poemas de Guadalupe Arriesgue se van mezclando con las imágenes hasta perder los límites entre texto y fotografía.

“33293” de Phes y Estela de Castro. 33293 son las personas que han perdido la vida intentando cruzar el mediterráneo entre 1993 y 2017. Muchas de ellas no han podido ser identificadas. En este libro, cuyos beneficios van directamente a ONGs que ayudan a personas que han tenido que dejar sus países o que viven en condiciones inhumanas por culpa de la guerra. El libro ha sido creado a partir de las fotografías tomadas por Estela de Castro durante varios viajes a campamentos de refugiados, y por fotografías tomadas por los propios inmigrantes con cámaras desechables, dándole voz a estas personas, que muchas veces carecen de un lugar donde mostrar su punto de vista.

“____________(Bike kill)” de Julie Glassberg. Hay libros que huelen raro por la tinta con la que están impresos. Suele ser tinta negra que huele a pescado. En el caso de “Bike kill” lo que huele son las portadas, hechas con goma de rueda de bicicleta. Y entras en la historia antes de abrir el libro, incluso antes de ver la portada y leer el título que no existe. Pero no es todo cáscara, en el interior, fotografías en blanco y negro muestran la vida de un grupo de jóvenes que hace torneos de justas en bicicleta. 

“The tree of life is eternally green” de Pascual Martínez y Vincent Sáez. Porque habla de la naturaleza y cómo la conciben dentro de su vida los ciudadanos de Rumanía, pero se puede aplicar a cualquier persona que haya vivido alguna vez cerca de un bosque. Porque está hecho con mucho amor y porque son amigos, qué narices. 

El porqué de un fanzine

 

¿Qué es un fanzine? Esto es algo que yo no tengo muy claro del todo; como casi todo en la vida, dudo bastante de si mis conocimientos son suficientes sobre cualquier tema. Ramón, que ha hecho unos cuantos, siempre me dice que un fanzine es aquello con forma de fanzine. Gonzalo Golpe, en un curso sobre edición de fotolibros, comentaba que era una publicación “urgente”. Pero claro, Ramón tarda entre un mes y 5 años en sacar un fanzine y yo me meto un poco con él diciéndole que hace fotolibros con aspecto de fanzine. Lo que yo creo es que un fanzine es algo que está un poco fuera de las reglas o normas y vale para comentar cosas o publicar ideas sin muchas pretensiones.

 

Hay páginas que hablan sobre el tema con mayor profundidad de la que yo aquí puedo pretender, esta entrada no pretende dar claves ni establecer el estado del fanzine, es más algo urgente que me sirve de excusa para hablar de lo que estoy haciendo.

En 1972, Daido Moriyama comenzó a publicar una pequeña revista llamada Kiroku o Record partiendo de la premisa de Somerset Maugham que decía “when it rains, you should write that it rains” (cuando llueve, hay que escribir que ha llovido).

El propio Moriyama escribe esto sobre su publicación: “At the time, I was busy with all sorts of work for magazines. Partly because of a daily feeling inside that I shouldn’t let myself get carried away by it all, I came up with the idea of a small, self-published personal photo journal. Without any ties to work or any fixed topic, I just wanted to continue publishing a 16-page booklet with an arbitrary selection of favorite photos among the pictures I snapped from day to day. By nature, it was directed first and foremost to myself rather than other people. I wanted a simple, basic title, so I called it ‘Kiroku’ (record).” Agobiado por el trabajo diario para revistas, sintiendo que no debía dejarse llevar por la presión, le vino la idea de una publicación fotográfica pequeña, autoeditada. Sin vinculaciones con el trabajo ni ninguna temática fija, Moriyama quería publicar un libreto de 16 páginas con una selección arbitraria de las fotografías que tomaba en su día a día. Algo que haría para sí mismo y no para el público, algo simple, y por eso lo llamó Kiroku (conocido como Record, que en castellano se traduciría como registro).

A estas alturas todos sabemos que ninguna idea es completamente original, y la inspiración para hacer un fanzine es tan simple como los dos párrafos anteriores. Tenía ganas de seguir haciendo cosas que no tuvieran pretensiones. Ayer decía Alvaro Laiz en la conferencia del ciclo Full Frame que el mejor consejo que podía dar a la gente que estaba empezando en la fotografía era hacer lo que te llene de verdad y ser fiel a uno mismo en los proyectos personales (para nada dijo esto literalmente, pero la idea era esa).

Me gustaba especialmente el concepto de Record precisamente porque no tenía mayor pretensión que compartir algo. En mi caso, aparte de querer compartir una serie de fotografías que no habían entrado en otros proyectos o que estaban en el limbo, me sirve para probar cosas en maquetación, para hablar con imprentas, fallar y aprender. Hacer estas publicaciones me sirve como respiro para mi trabajo diario y para decir cosas que podría publicar en un blog pero no tendrían el mismo significado.

¿Por qué “Registro de exploración”? Obviamente, por un lado es referencia a Record y por otro alude a una concepción personal de la fotografía como una exploración, como experimento o como búsqueda de conocimientos. Como una forma de mostrar cosas que encuentro, ideas que surgen y probar conceptos que no se muy bien cómo quedarán. Mi forma de enfrentarme a los proyectos se basa bastante en el ensayo y error, y hacer algo que es sencillo de producir permite experimentar mucho más libremente y fallar con más felicidad (y facilidad). El título de la portada está escrito en japonés precisamente por jugar con esa idea, y porque el primer y segundo números tienen fotos del viaje a japón que no acabaron en “Than nothing, than flowers”. También he puesto los títulos en castellano en la contraportada. Los textos interiores, si los hay, serán principalmente en castellano, y en caso de no serlo, se traducirán de alguna manera (o no, es algo experimental).

En un principio estoy haciendo 50 copias de cada uno de los fanzines y serán mensuales (aunque esto puede cambiar). Cada uno costará 3€ y no tengo idea de enviarlos por correo en principio (aunque todo se puede estudiar). Iré publicando por Facebook los números según vayan saliendo y cuando se agoten, agotados quedarán.

Referencias: 

Ramón Romero Pastor

Curso de edición de fotolibros

La ola japonesa: el legado de la revista “Provoke”

http://www.fanzineologia.net/2017/04/como-hacer-un-fanzine.html?m=1

https://www.shashasha.co/en/book/record-no-1-5-reprint-edition

http://www.cendeac.net/es/full-frame/