Nudge-Nudge

Últimamente me gustan mucho los chistes absurdos. Hay un sketch de Monty Python titulado “Eric’s sketch” sobre insinuaciones entre dos hombres sobre la mujer de uno de ellos.

Durante el curso que impartí sobre secuencias fotográficas hice esta selección que comparto a continuación partiendo de imágenes sacadas de las galerías de Flickr Commons buscando imágenes libres de derechos de publicación y uso:

Preguntas para comenzar un proyecto (personal)

Esta entrada puede ser útil a la hora de iniciar un proyecto, pero también para evaluar el progreso del mismo en diferentes etapas de desarrollo. Puedes descargar una copia y utilizarla según te sea necesario. Estas preguntas las he sacado de los apuntes de Rubén H. Bermúdez (https://www.rubenhbermudez.com/apuntes), de un vídeo de una conferencia de Gustavo Alemán titulado “Las tres preguntas” (puede verse en https://tv.um.es) y de mi propia experiencia. Su finalidad es aclarar las ideas al comenzar un proyecto.

“Participants shall prepare a personal story. This story can be your own personal story, but it might also be a story of someone else, visualized by you or a fictional story (character).” Extraído de las bases de RPS workshop.

Explícale a tu abuela el proyecto en 5 líneas:

¿Qué tipo de autor quiero ser?

¿Desde dónde hablo? ¿Cuál es mi posición?

¿Cuál es mi contexto?

¿A quién me dirijo? ¿Qué estoy intentando? ¿Para quién lo hago?

¿Qué puedo hacer yo que una superproducción no puede?

¿Cuáles son mis virtudes? ¿Cómo puedo potenciarlas?

¿Cuáles son mis defectos? ¿Cómo puedo esconderlos?

¿Cómo se relaciona lo que soy y lo que hago con lo que quiero ser y hacer?

¿Cuáles son mis criterios?

¿Qué nos gusta? ¿Qué no nos gusta?

¿Qué quiero que sienta el espectador? ¿En qué momento le voy a golpear?

Haz un mapa de ideas

Establece limitaciones y síguelas hasta el final

Las tres preguntas: ¿Qué quería hacer el artista? ¿Lo hizo? ¿Merecía la pena hacerlo?

¿Cómo quiero transmitir mi mensaje? ¿Qué materiales voy a usar para hacerlo?

¿Qué relación hay entre el formato y el concepto del proyecto?

¿Lo estoy pasando bien haciendo esto? ¿Es positivo el balance esfuerzo-recompensa? (esta pregunta hay que hacerla de manera recurrente durante el proceso de realización del proyecto personal)

En el vídeo de Gustavo Alemán, cita a Jorge Wagensberg que decía que “Una obra de arte es un pedazo finito de realidad que distorsiona una experiencia del mundo para encender, en la propia mente o en la ajena, una ampliación de tal experiencia.”

Agradecimientos a Rubén y Gustavo por los conocimientos compartidos.

Sobre la narrativa, el documental y el juego del montaje

Hay una cosa que me ronda la cabeza a menudo sobre el documental. A veces, y más últimamente, se aboga porque el punto de vista sea parte de la narrativa del documental. Otras veces preferimos una supuesta objetividad, por las razones que sea, y creo que tiene que ver con mostrar el punto de vista de lo que queremos contar y no desde el que lo percibimos como creadores. Hay como una línea de veracidad o verosimilitud que estamos rompiendo si la cruzamos y somos menos objetivos de lo que decimos que vamos a ser o más subjetivos de lo que creemos que necesita el tema.

Hace poco se estrenó una nueva temporada de la serie documental de cocina Chef’s Table, que aunque trata de un tema bastante inocuo para exigir veracidad o verosimilitud, ha hecho que vuelva a pensar en esto y que me sienta molesto con algunas cosas. En la serie utilizan mucho la voz en off del protagonista del capítulo mientras la imagen muestra escenas de la preparación de los platos o de cómo van a por los ingredientes, el cocinero paseando por su restaurante, entre otro tipo de recursos visuales. También abusan un poco de la cámara lenta y de los planos emotivos. El caso es que, no me explico por qué, la voz en off consiste en fragmentos de entrevistas que a veces utilizan con su imagen, pero que van troceando para intentar introducir un elemento de reposo, de pausa o de reflexión interna al discurso del cocinero que muchas veces no tiene. Se me ha hecho muy evidente en los dos últimos capítulos que he visto, de Bo Songvisava y Albert Adrià. En el caso de Bo se nota porque cuando habla en la entrevista con imagen lleva un ritmo más rápido y no corta las frases tanto. El capítulo de Albert Adrià, que habla mucho más rápido y se entrecorta, es mucho más sangrante porque dejan el principio de la palabra siguiente al hacer el corte del audio (que es lo que suele pasar cuando el entrevistado no tiene costumbre y no deja mucho espacio entre palabras, es muy complicado hacer un corte que no sea brusco).

Y lo que yo me pregunto es ¿por qué? ¿Tan necesario es emocionar al espectador con la forma (aquí el montaje lento y reflexivo)? ¿Por qué el intento de componer todos los capítulos de la misma forma si cada uno de ellos trata un cocinero y un estilo completamente distintos? Creo que imponer un tempo falso a un tema documental crea una barrera con el espectador que no debería estar ahí. Por supuesto que podemos tratar de buscar un punto de vista más pausado, pero si una persona habla rápido o lento o se entrecorta, estaría bien aprovecharlo y buscar la manera de ser fiel a esa manera de ser con su representación.

La (mi) lista de libros de fotografía 2018

No sé si tiene sentido hacer una lista, pero bueno, me sumo al carro y voy a hablar de algunos de los libros que me han gustado este año y por qué. No hay ganadores ni perdedores, de algunos me gustan más las fotos, de otros el papel, y otros están ahí por algo “superior” que engloba muchas cosas que no sé cómo definir. 

“Y tu, ¿por qué eres negro?” de Rubén H. Bermúdez. Porque es imprescindible para dejar de mirarse el ombligo.

“Masahisa Fukase” de Masahisa Fukase. Aparte de concentrar casi todas las series fotográficas de Fukase en un solo envoltorio, el papel es una delicia, mucho más amable que la reedición de “Solitude of Ravens” que no me apetece tanto releer por el brillo y el tacto tan áspero (no físicamente, sino que no es cómodo de tocar). Tenía ganas de volver a ver las fotos de su padre, que en la exposición de Arles de 2017 me dejaron con un nudo en el estómago (fui tres o cuatro veces a ver esa exposición).

CIENOJETES de Paco Gómez (y dos más). No sé, está bien.

“Dulce y Salada” de Jorge Panchoaga. Conocí este proyecto a través de Gonzalo Golpe, que había participado en la edición. En el crowdfunding explicaban que el fotolibro trataba sobre una zona de Colombia llamada Nueva Venecia donde la polución del agua está llevándose por delante la forma de vida de los habitantes. Una de las formas de aportar consistía en que entregaban un ejemplar del libro a uno de los habitantes de la zona, para que el trabajo no quedara solo en el exterior, como suele pasar con las fotografías que se hacen en lugares de conflicto. El fotolibro tiene una atmósfera muy bien cuidada.

“La ilusión documental” de Takuma Nakahira. Nakahira escribió mucho durante sus años de actividad fotográfica. Casi todos los textos aparecieron en revistas y libros publicados en Japón y muy pocos fueron traducidos al inglés o al castellano. En “la ilusión documental” se combinan la mayoría de los ensayos escritos por Nakahira, textos en los que habla de su práctica desde un punto de vista honesto y a veces enigmático. Es muy recomendable para quien quiera descansar de tanta imagen y quiera leerlas. 

“The Suicide Boom” de Kenji Chiga. Se puede abordar un tema desde muchos puntos de vista, y en “The suicide boom”, Chiga aborda el fenómeno de los suicidios en Japón con un análisis en profundidad. Utilizando el papel y la impresión sobre distintos soportes, va generando diferentes lecturas sobre este tema tan difícil y velado en la sociedad, sobre todo en la japonesa, donde se da mucho más de lo que debería. Textos ocultos tras pliegues, o los papeles brillantes que contienen infografía y en cuyo reverso rugoso se presentan fotografías realizadas por el autor. En total 444 páginas de genialidad. Si añadimos que el libro ha sido hecho a mano por el propio autor, todo adquiere un nuevo sentido. 

“Revuelta” de Guadalupe Arriesgue. Un libro pequeño, a medias entre fotolibro y fanzine, muy poético, experimental. Como una ola del mar que te revuelca y te arrastra, los poemas de Guadalupe Arriesgue se van mezclando con las imágenes hasta perder los límites entre texto y fotografía.

“33293” de Phes y Estela de Castro. 33293 son las personas que han perdido la vida intentando cruzar el mediterráneo entre 1993 y 2017. Muchas de ellas no han podido ser identificadas. En este libro, cuyos beneficios van directamente a ONGs que ayudan a personas que han tenido que dejar sus países o que viven en condiciones inhumanas por culpa de la guerra. El libro ha sido creado a partir de las fotografías tomadas por Estela de Castro durante varios viajes a campamentos de refugiados, y por fotografías tomadas por los propios inmigrantes con cámaras desechables, dándole voz a estas personas, que muchas veces carecen de un lugar donde mostrar su punto de vista.

“____________(Bike kill)” de Julie Glassberg. Hay libros que huelen raro por la tinta con la que están impresos. Suele ser tinta negra que huele a pescado. En el caso de “Bike kill” lo que huele son las portadas, hechas con goma de rueda de bicicleta. Y entras en la historia antes de abrir el libro, incluso antes de ver la portada y leer el título que no existe. Pero no es todo cáscara, en el interior, fotografías en blanco y negro muestran la vida de un grupo de jóvenes que hace torneos de justas en bicicleta. 

“The tree of life is eternally green” de Pascual Martínez y Vincent Sáez. Porque habla de la naturaleza y cómo la conciben dentro de su vida los ciudadanos de Rumanía, pero se puede aplicar a cualquier persona que haya vivido alguna vez cerca de un bosque. Porque está hecho con mucho amor y porque son amigos, qué narices. 

De la ampliadora a la impresión de fotografías digitales

O cómo decidí que quería ver mi obra en papel en lugar de en pantallas

Cuando empecé a hacer fotografías en serio lo hice con la ayuda de una cámara réflex analógica heredada (secuestrada) que mi padre había comprado allá por los 70-80. Durante los primeros años de la carrera, los carretes los llevaba a revelar al laboratorio, me daban copias de 10×15 y todo iba bien…

Y entonces en tercero, en la asignatura de fotografía, nos enseñaron a revelar carretes y hacer ampliaciones analógicas.

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Pura alquimia. El proceso es complejo, y no creo que sea este el momento de explicarlo (hay mil cursos de fotografía analógica donde lo harían mejor), pero la sensación de satisfacción que se queda al introducir un papel en una cubeta, menearlo un poco y ver cómo aparece nuestra imagen es difícil de describir. Durante ese curso conseguí traerme desde Motril la ampliadora que tenía mi padre y, en un cuarto de baño que “no se usaba” monté un cuarto oscuro para revelar mis fotografías.
Al terminar el curso, no se si al año siguiente o poco después, conseguí una réflex digital, una 350D. Las fotografías, técnicamente, eran mejores, podía hacer más sin gastar tanto dinero en carretes, papel, líquidos y tiempo, pero esa sensación se había perdido un poco. Y así pasaron los años, casi diez ya, en los que, si de las fotografías analógicas había sacado en papel el 70%, de las digitales no tuve en mis manos más del 5% si me apuras. En casa no tenía álbumes de fotografías, todo lo que hacía se quedaba en los discos duros, la pantalla y algunas se subían a redes sociales, flickr o aquí. Había llegado a un punto en el que necesitaba alquimia.

En 2015 hice una selección de todas las fotografías digitales que tenía (20.000 aproximadamente) y escogí unas 2.000 que quería conservar en papel. Con un pendrive lleno de fotos me acerqué a una tienda y, tras tres días saliendo fotos de sus máquinas, me dieron 5 paquetes que yo metí en sendos álbumes que viven en mi estantería desde entonces. Y tuve algo de satisfacción, mucha satisfacción al hacerlo, pero era como cuando llevaba los carretes a revelar y aun me faltaba algo.

Y me puse a mirar impresoras. Soy bastante quisquilloso y no me gustan las cosas que duran cuatro días y no ofrecen satisfacción. En el pasado había sacado alguna foto en “laboratorios/imprentas” que, por utilizar tintas muy baratas, ya no tienen el mismo color que tenían cuando las hice. Tenía claro que quería una impresora de tintas pigmentadas que sacara fotos a un tamaño decente, pero tampoco demasiado grande.

No soy Andreas Gursky

Uno de los motivos principales que justifican la compra es el de poder aprender a imprimir mis propias fotos, además de que, ya que me iba a gastar un buen dinero en sacar las doscientas y pico fotos para el TFM (se me ha ido un poco de las manos, pero bien), bien podía absorber parte del gasto teniendo una herramienta para seguir vendiendo mis fotografías. En el proceso de instalación y primeros pasos con la impresora ya he aprendido cómo hacer perfiles de papel nuevos (gracias a Keith Cooper y su web donde encontré bastante información al respecto). También he comprado papeles a precio de tela de la india bordada en oro, que por otro lado tiene la misma apariencia cuando imprimes una buena foto, todo hay que decirlo.

Y ha vuelto la magia, vuelvo a sentir esa sensación de satisfacción cuando le doy al botón de imprimir y la impresora traga papel y va saliendo la fotografía poco a poco.

Posdata: Tengo una tienda para que los que viven en España puedan comprar mis fotografías. De momento, como no me he hecho asquerosamente famoso ni estoy muy sobrado, tienen unos precios asequibles para hacer un regalo o para colgarlas en vuestra propia casa si os gustan.

Taller con Pepe Miralles

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Durante los días 14, 15 y 16 de Marzo tuvo lugar en la facultad de Bellas Artes de la UM, dentro de las actividades del Máster en gestión y producción artística que estoy realizando, un taller con el artista y profesor de la UPV Pepe Miralles. El taller, de nombre “Prácticas activistas (posiblemente en extinción) de las últimas décadas del siglo XX”, comenzó tratando las prácticas de grupos como Act Up, aunque pronto surgieron temáticas relacionadas con la facultad y una acción llevada a cabo por alumnos de máster sobre una pared que la facultad había ofrecido a los alumnos de la facultad para ser intervenida a discreción. El segundo día del taller se habló de los “ombligos ontológicos” y la necesidad de una presencia en la red que sea consecuente con la obra y el propio artista. Durante el tercer día del taller, los alumnos del máster compartimos los proyectos que llevamos a cabo y nuestras líneas de investigación, generando una discusión a partir de los mismos.

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Blade Runner y la iluminación práctica

Blade Runner es una de mis películas favoritas. Tanto la temática como la fotografía de la misma me fascinan, ya que no deja de ser cine negro de detectives ambientado en el futuro. Hace tiempo que quería hacer un análisis al estilo del que hizo Matt Scott en su blog sobre la película Prisioneros pero no había encontrado el tiempo o la temática, y cuando hace poco volví a ver Blade Runner se encendió la chispa y me dio por sacar fotogramas de la película para analizar la iluminación.
He empezado analizando la escena en la que se presenta al protagonista Rick Deckard (Harrison Ford). La escena transcurre en un restaurante en la calle. Rick Deckard está sentado frente al restaurante leyendo el periódico, esperando a que se libere un asiento. La cámara hace un recorrido con grúa desde encima del restaurante hasta quedarse delante del protagonista. Toda la escena está iluminada con neones (como casi toda la película), desde el dragón del cartel del restaurante hasta los paraguas.

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En este primer plano tenemos la iluminación principal de los neones del restaurante y los de la ventana. El dragón añade una masa de luz en un plano bastante oscuro y aporta interés al movimiento de la cámara.

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Al pasar el tejado del restaurante vemos el fondo de la calle con la iluminación del techo del callejón que contrasta con las personas y la columna y ayuda a crear profundidad en la escena. Es probable que haya un foco de luz difusa tras la columna para iluminar el suelo mojado. La lluvia también es iluminada por los neones del restaurante y ayuda a dicha profundidad.

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El plano de grúa termina en la ventana con Rick Deckard. Los neones del escaparate crean profundidad y rellenan la iluminación del personaje. La luz del callejón rellena por la derecha mientras que los neones magentas rebotan en el periódico (o tenemos un neon rojo/magenta en el tejado del restaurante) e iluminan sutilmente la cara del protagonista.

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En el primer plano la cara del protagonista se gira y los neones le iluminan desde la izquierda del plano. Los neones magenta le perfilan la cabeza por detrás y tenemos el relleno magenta, esta vez más suave, de la derecha del plano que le ilumina frontalmente. Los neones de fondo también ayudan a crear contraste con los tonos oscuros del personaje.

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Aquí vemos gran parte de la iluminación práctica del restaurante, que sirve como iluminación principal y de relleno en la escena. Tenemos neones rectos en el borde del tejado que servirán para perfilar a los personajes y neones circulares para iluminación frontal.

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El cocinero está iluminado por los neones que tiene a su espalda y el tono oscuro de su figura contrasta con los neones de la izquierda del plano. Las botellas y resto de elementos ayudan a crear profundidad en el primer plano. La cara está rellenada por los neones del tejado, probablemente.

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De nuevo el personaje oscuro contrasta con el fondo claro. El neón circular entre el protagonista y el cocinero está apagado, probablemente para que no interfiera con el resto de la iluminación y no elimine la profundidad que aporta el contraste claroscuro. La espalda de Rick está iluminada por los neones del tejado y se aprecia un relleno cálido superior que le baña los hombros (neones amarillos colocados justo encima de la cabeza del personaje).

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En este encuadre, aparentemente más plano, tenemos el vapor de la cocina, las botellas y la gente pasando por detrás del personaje para crear profundidad. La cara del protagonista está iluminada desde la izquierda del plano posiblemente por los neones circulares (el que estaba apagado) o por un foco adicional colocado para este encuadre. La cara de Gaff está iluminada por el mismo foco de luz (la sombra que proyecta el sombrero apunta a que sea uno de los neones). Desde la derecha hay un relleno más azulado y el hombro del cocinero está iluminado por los neones circulares a su espalda (sobre la cámara).

A continuación he preparado un plano aproximado de la escena con la iluminación práctica.

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En cuanto al color de la escena, se compone principalmente de tonos frios con predominancia del azul verdoso y complementado con magentas y amarillos. Contrasta con las escenas en el piso del Rick, el bar y la casa de Tyrell que son más cálidas, quizá por tener contenidos más pasionales que el resto de escenas de la película (el hogar, la relación con Rachel, el flirteo con la replicante Zhora en el bar y el “momento Edipo” de Roy y Tyrell).

Referencias:

Blade Runner en Bluray
Cinematografía de Blade Runner (en inglés)
Análisis visual de Prisioneros (en inglés)
Blade Runner en la Wikipedia